Memoria cultural Nancy Rueda

En los aportes anteriores procuré dar una visión general sobre memoria, memoria colectiva y la relación que puede existir entre memoria colectiva – conflicto – turismo. Esta relación se puede dar a través del turismo negro (dark tourism), criticado por la visión parcial y simplista que se da a los turistas, al cosificar el conflicto y el sufrimiento; o desde la perspectiva del turismo de renovación (Phoenix tourism) que, más que una tipología de turismo, tiene que ver con el papel que el turismo debe desempeñar en un territorio con un pasado de conflicto y sufrimiento.

Quiero ahondar un poco más en el tema de la memoria, específicamente el de memoria colectiva, que se trata en el libro “A companion to cultural memory studies”, obra que presenta una visión mucho más amplia y diferente del concepto de memoria colectiva. Astrid Erll expone un término que rompe con la controversial memoria colectiva propuesta en un principio por Maurice Halbwachs, criticada por Marc Bloch por transferir los conceptos de la memoria individual a la memoria colectiva.

La expresión propuesta es la de Memoria cultural que ha sido objeto de estudio por varias disciplinas y se ha convertido en un fenómeno transdisciplinario (2010). Sin embargo, este término es tan amplio como se pueda imaginar, y puede abarcar “Medios de comunicación, prácticas y estructuras tan diversas como mitos, monumentos, historiografía, rituales, recuerdo conversacional, configuración del conocimiento cultural y redes neuronales” (Erll, 2010, p. 1). En el libro se define la memoria cultural como “la interacción del presente y el pasado en un contexto socio-cultural” (Erll, 2010, p. 2).

Para analizar el término de memoria cultural, debemos verlo desde (1) la cultura y (2) la memoria. Por un lado, la cultura tiene tres aspectos: el social, el material y el mental. Por otro lado, la memoria se integra con la cultura y crea la memoria social, la memoria material y la memoria mental o cognitiva; la memoria cultural se caracteriza por trascender los límites y moverse entre lo individual y lo colectivo: lo individual o cognitivo, teniendo en cuenta que ninguna memoria es puramente individual, sino que siempre es modelada por contextos sociales, y lo colectivo, referido al pasado compartido construido por las sociedades, gracias al orden simbólico, lo mediático, las prácticas y las instituciones (Erll, 2010).

Astrid Erll hace énfasis en que la memoria debe ser actualizada por los miembros de una comunidad: “sin dicha actualización, los monumentos, los rituales o los libros serían material muerto que no tendrían ningún impacto en las sociedades” (Erll, 2010, p. 5).

Por lo tanto, la memoria no es estática en el tiempo. Esta misma cualidad es la que crea la gran disparidad existente entre memoria e historia, donde la memoria es subjetiva y cambiante, y la historia, lo único válido y fijo. Este es el talón de Aquiles de la memoria para Astrid Erll (2010). Sin embargo, para esta autora, se puede llegar a un punto en donde se reconocen distintos modos de recordar en la cultura: el pasado no está asegurado, sino que debe ser re-construido y re-presentado. Se reconoce el hecho de que hay diversas maneras de recordar eventos idénticos en el pasado y que la historia una de estas maneras (Erll, 2010).

Siguiendo esta línea de ideas, la memoria puede reconstruir el pasado y puede hacer parte de los recuentos del conflicto, teniendo en cuenta que cada persona tiene sus memorias y sus visiones del conflicto, en donde confluyen las vivencias personales, familiares y sociales.

Referencias

Erll, A. (2010) A companion to cultural memory studies. Gruyter.

 

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